MANOLO GRANERO el incomparable torero valenciano, muerto en pleno triunfar de su arte, después de ser en vida modelo de hombres de corazón y de verdaderos camaradas.
Manuel Granero, el gran torero valenciano, muerto en pleno triunfo de arte y juventud en la Plaza de Madrid, honra hoy nuestra primera plana.
La emoción de aquella tragedia desarrollada en el coso taurino madrileño, se renueva en nosotros cuando tratamos hoy de trazar unas líneas en homenaje de admiración y cariño hacia aquel muchacho bueno, generoso, artista excepcional y prototipo de compañeros sencillos y fraternales. Pasan los días, y el dolor de su muerte, lejos de mitigarse en nuestros pechos, más y más se acrecienta.
Y es que si su recuerdo resultaría siempre imborrable, permanece más vivo porque su puesto, en todos los órdenes, continúa aún sin ser ocupado por nadie, como para evidenciar lo mucho que el arte perdió y perdimos los toreros al dejar de existir Manolo Granero.
Su carrera triunfal no cabía dentro de los moldes de la humana razón. Apenas en el espacio de tres años, había pasado Granero desde el montón anónimo de lo desconocido, a ser cumbre, figura preeminente en el arte nacional.

La vida, el destino, no tolera tamañas rebeldías, y a quien con tan extraordinarios pujos de vencedor se presenta en la lucha, con ironía cruel lo aparta, cercenándole la existencia en el momento del apogeo de su gloria, como para vengarse de tanta victoria, negando al triunfador las mieles dulces del triunfo.
Pero si el arte, si la afición siguen llorando aún al incomparable torero valenciano y declarando desierto el puesto que él ocupara en vida, nosotros, los profesionales, los compañeros que fuimos de Granero, sentimos con más intensidad el dolor y quebranto que su ausencia produce, porque el, con ser tan joven, con verse tan mimado por la gloria, para nosotros los humildes, los desconocidos, los subalternos del toreo, fué a un tiempo padre y hermano, protector cariñoso, consejero leal y en todo instante abnegado camarada, que por servir nuestros intereses arriesgaba los suyos, y por llevar a la victoria nuestros ideales, sacrificaba sus legítimos derechos,olvidándose, ante el bien de los demás, del propio valer y de la propia convicción.
¡¡Aquella tarde de Castellón!!… Sólo con un gesto de Manolo Granero, un grave conflicto originado por la inveterada y consecuente intransigencia de las Empresas, quedó en el acto resuelto, dándose a nuestras legitimas aspiraciones la sanción debida. ¡Y también entonces, como ahora, eran muchos los matadores que preferían colocarse del lado de los empresarios, a defender el derecho sagrado de sus camaradas! Pero Granero era torero hasta la médula, torero en todos los órdenes, como Bombita, como Pastor, como José… y no podía hacer traición a los suyos, a su familia, a su hermandad. ¡Eran muchos hombres aquéllos!…
En horas de lucha, en las del triunfo como en las del vencimiento, los subalternos del toreo, base modesta, pero sólida, de la Fiesta Nacional, tendrán su más grato y reverencioso recuerdo para aquel modelo de hombres dignos y valerosos. Este recuerdo que hoy le dedicamos, es eco fiel de la oración sin palabras, que en estos días críticos le dedican todos aquellos que por él fueron beneficiados, y que aún viven con la esperanza de que al fin el ejemplo glorioso de Manolo Granero, as del compañerismo, llame a ciertas conciencias, harto frías hoy, por desgracia para todos!!!
Publicado en Unión Taurina. Madrid, viernes 20 de abril de 1923.

