Galleos

De todos, el que ha conservado ese nombre es el llamado del , que consiste en ponerse la capa del modo natural, marchando hacia el toro como para un recorte, y al estar en el centro se abren y agachan los brazos, haciendo el quiebro en el puesto en que el toro está humillado: hecho este se vuelven los brazos y la capa a su anterior posición, porque ya se está fuera.


Otro galleo se hace cogiendo la capa de igual modo que para de «frente por detrás», encaminándose el diestro al toro, describiendo una curva cuyo fin es el centro de la suerte, y concluye con un recorte.


Se hace otra especie de galleo con el capote recogido en la mano del lado que primero ha de presentarse al toro, y llegando al centro en los quiebros, se le acerca para que humille, en cuyo acto toma el diestro la salida y muda el capote a la otra mano, haciendo un quiebro de cintura, con lo que el bicho pasa humillado por su espalda y la cabezada la tira fuera. Se realiza este lance, también, valiéndose de un sombrero o montera.

Como se ve, a esto en la actualidad le llamaríamos un recorte, y es porque, con efecto, a todo lo que hoy conocemos con ese nombre lo designaban los antiguos con el de galleos. Recortes eran las suertes que se hacían a cuerpo limpio, sin capote y todos los demás lances de adorno galleos.


Así, por lo tanto, se hubiera designado lo que al presente llamamos media verónica, y muy probablemente ese vistosísimo lance de Chicuelo que se ha bautizado con el patronímico de chicuelinas.


Un galleo característico es el de la mariposa inventado por Marcial Lalanda, de gran efecto cuando se ajustan en su ejecución toro y torero. Viene a ser una sucesión de lances al costado, andando el diestro hacia atrás y llevando a la res embebida en los vuelos del capote.

Morante de la Puebla
Morante de la Puebla. Foto: Carlos Pinto

Uno al Sesgo. El arte de ver toros. Ediciones de la Fiesta Brava, Barcelona, 1928.